Dra. Mónica Povedano Panadés
El reciente artículo de la revista Lancet habla de este posible tratamiento.
La proteína FUS es clave para muchas funciones celulares: ayuda a regular el ARN y el ADN, participa en la transcripción, el empalme del ARN, su transporte, estabilidad y también en la reparación del ADN. Cuando hay mutaciones en el gen FUS, estas funciones se ven alteradas, lo que puede contribuir al desarrollo de enfermedades neurodegenerativas como la ELA (esclerosis lateral amiotrófica).
En Europa, las mutaciones en FUS representan aproximadamente el 3 % de los casos familiares de ELA y el 0,3 % de los esporádicos. Se han identificado más de 50 mutaciones, muchas de ellas en una zona clave llamada señal de localización nuclear (NLS).
La ELA asociada a FUS suele presentarse a edades más tempranas que otros tipos de ELA, con una media entre los 37 y 46 años. De hecho, esta mutación es la causa más común de ELA juvenil, con casos documentados desde los 11 años. La progresión de la enfermedad varía: quienes comienzan a edades más tempranas suelen tener una evolución más rápida y una menor esperanza de vida, mientras que quienes debutan más tarde suelen seguir un curso más parecido al de la ELA clásica.
Frente a esta situación, los oligonucleótidos antisentido (ASO) se están perfilando como una posible herramienta terapéutica. Estas moléculas de ADN sintético pueden “apagar” el ARN mensajero defectuoso, reduciendo así la producción de la proteína FUS mutada que tiende a acumularse y formar agregados tóxicos en las neuronas.
Uno de estos ASOs, llamado jacifusen, ha demostrado en estudios preclínicos que puede frenar la degeneración neuronal en modelos animales y mejorar su supervivencia. También ha mostrado señales prometedoras en humanos, aunque aún en fases muy tempranas.
Entre 2019 y 2023, se llevó a cabo un programa de uso compasivo de jacifusen en cinco centros (cuatro en EE. UU. y uno en Suiza). Participaron 12 pacientes portadores de mutaciones patogénicas en FUS, con edades entre 16 y 45 años. Todos recibieron inyecciones intratecales (directamente en el líquido cefalorraquídeo) durante periodos de entre 2,8 y casi 34 meses.
Aunque la mayoría de los pacientes mostró progresión de la enfermedad, en algunos se observaron respuestas llamativas: un paciente logró una mejoría funcional clara después de 10 meses de tratamiento y otro permaneció sin síntomas. Además, se observaron disminuciones importantes en biomarcadores de daño neuronal (como el neurofilamento de cadena ligera en LCR, que bajó hasta un 82,8 %).
Los análisis post mortem en algunos casos también mostraron una menor presencia de la proteína FUS alterada, lo que sugiere que jacifusen podría estar actuando sobre la causa del problema.
Aunque estos resultados preliminares son muy alentadores, es fundamental esperar los datos del ensayo clínico actualmente en marcha (en España, se está desarrollando en el Hospital de Bellvitge). Este estudio controlado con placebo permitirá saber si jacifusen realmente marca una diferencia significativa en la evolución de la ELA-FUS.
🧪 En resumen: jacifusen podría convertirse en una opción real de tratamiento para un tipo muy específico y agresivo de ELA. Pero, como siempre en ciencia, necesitamos más evidencia para confirmar su eficacia y seguridad.


